EL ERROR ES PLANTAR TRANSGÉNICOS

El campo de maíz situado en Torroella de Montgrí que fue destruido el pasado 12 de julio era transgénico, según ha reconocido en declaraciones a la prensa el mismo propietario. Independientemente de si se trataba de un campo experimental, de demostración o comercial, el solo hecho de que se tratara de un campo de cultivos modificados genéticamente (MG), justifica y legitima su destrucción; más aún, cuando estaba al lado de una reserva natural y de otros campos de cultivos no MG.

La agricultura transgénica, aunque se realice con variedades aprobadas, tiene asociados gravísimos impactos sociales, ambientales y sobre la salud humana. Las decenas de casos de contaminación genética de la producción ecológica y convencional que se han producido en Cataluña y en el Estado des de que se iniciaron los cultivos y las importaciones de OMG, demuestran que la coexistencia entre cultivos MG y no MG es totalmente imposible. Esto impide el desarrollo de producción, consumo y de sociedad alternativos al dominante, corporativo, industrial y generador de graves crisis ecológicas, climáticas y sociales.

El tratamiento mediático que ha recibido la acción del 12 de julio demuestra que, una vez más, los medios de comunicación silencian las críticas y obvian el debate real y profundo sobre qué implica la agricultura transgénica.

Los medios de comunicación también deberían asumir su responsabilidad, su falta de rigor y el hecho de no contrastar las informaciones que reciben antes de publicar-las en forma de noticia. Más allá del alud de informaciones aparecidas en la prensa a partir del día 15 (tres días después de la acción), que aseguran que los « ecologistas radicales » cometieron un error al destruir un campo que no era experimental, numerosos indicios muestran que todo ello podría tratar-se de un montaje de la Fundación Antama, el lobby biotecnológico español, Syngenta y el propio propietario del campo. De hecho, esta táctica de mentir y negar que se trate de campos de experimentación busca confundir la opinión pública, desacreditar la acción y sus promotores y desviar el debate. Esta táctica ja ha sido utilizada en diversas ocasiones en otros países como en el Reino Unido y Francia.

A su vez, existen evidencias que indican que el campo de transgénicos destruido el día 12 no era comercial: en el mes de mayo, se comprobó que los varios grupos de hileras de maíz sembrados habían estado identificados y distinguidos entre ellos por medio de cartelitos blancos numerados, una práctica que se utiliza sistemáticamente en campos experimentales y de demostración, pero en ningún caso en campos comerciales. Posteriormente, justo después que el Diari de Girona informara de la ubicación exacta del campo experimental de Torroella, los carteles blancos con las identificaciones numéricas habían estado puntualmente retiradas. Intentaban esconder las pruebas de que allí se estaba experimentando o cultivando transgénicos para hacer una demostración?

En este sentido, hace falta señalar las numerosas contradicciones que han aparecido en los medios en relación a quién, cuando y porqué no se autorizó la realización del experimento. Algunos diarios, han asegurado que fue Syngenta quien renunció al experimento; otros han dicho que fue el propio agricultor quien se hizo atrás, y por último, publicaciones como El País han afirmado, sin citar las fuentes, que fue la Generalitat quien no autorizó el experimento porque el campo se encontraba muy cerca de una área protegida.

Todo ello pone de manifiesto la falta de información pública y fiable sobre la ubicación de los campos experimentales así como la falta de control y de seguimiento de la agricultura MG y sus impactos por parte de las diversas administraciones competentes. De acuerdo con un mandato explícito de la CE, y después de haber-se negado a hacerlo durante años, este año por primera vez el MARM facilitó la información y las características de los campos experimentales a Amigos de la Tierra a raíz de que esta organización realizara una petición formal de información ambiental. Es necesario denunciar que la información que el Gobierno del Estado estaba obligado a hacer pública era la relativa a los campos experimentales autorizados, no la relacionada con las peticiones de autorización. Esto indica que tampoco este año el Estado ha cumplido con la legislación europea vigente por lo que respeta al derecho público a la información ambiental sobre la ubicación y las características de los campos experimentales de transgénicos, de la misma manera que ni el Estado ni la Generalitat cumplen ni la legislación sobre el etiquetado de los alimentos que contienen OMG, ni informan los agricultores sobre los campos comerciales sembrados con OMG en su área, ni realizan sus planes de seguimiento y control de sus impactos asociados a la agricultura transgénica.

Por último, en respuesta a las peticiones de que se haga justicia efectuadas por representantes de algunos sindicatos agrarios notoriamente reaccionarios como JARC, cabe decir que el incumplimiento sistemático por parte de las administraciones de numerosos artículos de la Ley que regula la liberación voluntaria de OMG (medidas que las instituciones competentes deben desarrollar previamente a la autorización de la siembra de OMG a cielo abierto, así como las que deben llevarse a cabo después de que sean sembradas), pone de manifiesto que todos los campos comerciales, experimentales y de demostración transgénicos sembrados actualmente en Cataluña y en el Estado incumplen la Ley. A su vez, tenemos que insistir en que la mencionada legislación ha estado desarrollada por unas instituciones «públicas» que llevan trabajando 12 años codo con codo con las multinacionales biotecnológicas para imponer los OMG en la agricultura y la alimentación. Consecuentemente, reivindicamos la legitimidad y la necesidad de destruir todos los campos MG, también en el hipotético caso que estos cumplieran la legislación. Así, reiteramos que la coexistencia entre la agricultura MG y la no MG es totalmente imposible, que la expansión de cultivos transgénicos en Cataluña ha supuesto que entre los años 2002 y 2008 el cultivo del maíz ecológico se haya reducido un 95%, así como la extinción para siempre de como mínimo dos variedades catalanas de maíz tradicional únicas en el mundo, además de decenas de casos de contaminación genética. No es en vano que numerosos estudios evidencian desde hace años que los cultivos y los alimentos MG llevan asociados importantes impactos sociales, ecológicos y sanitarios; estudios en los que se han basado 11 países europeos para prohibir su cultivo.

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1 comentario en “EL ERROR ES PLANTAR TRANSGÉNICOS”

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